Periurbanización y rururbanización en Galicia

Periurbanización y rururbanización en Galicia

José Formigo Couceiro

José Antonio Aldrey Vázquez

 

Dpto. Geografía Universidad de Santiago de Compostela

Resumen: La imagen de ruralidad que tradicionalmente se asocia con Galicia ya no es una realidad, actualmente el territorio gallego gira en torno a unos núcleos urbanos que dirigen todo el espacio de la comunidad. La saturación de dichos centros ha hecho que surjan, a partir de fines de la década de los setenta, una serie de espacios periurbanos en torno a ellos.

Abstract :The rural image traditionally associated to Galicia is not necessarily tine anymore. Nowadays the Galician territory depends on certain urban areas that rule an the space of the community. The saturation of those areas canced the spring, from the late 1970's, of a number of peri-urban spaces around them.

Hasta comienzos de este siglo existía una diferenciación clara entre lo que era rural y lo que era urbano, pero hoy en día esto no ocurre así, ya que la mayor parte del espacio presenta características que mezclan elementos de ambos mundos, si está claro lo que es el centro de una gran ciudad o una pequeña aldea rural, pero ya no están tan claros los límites de la ciudad, saber dónde acaba lo urbano y comienza lo rural o viceversa. Esto ocurre porque los espacios rurales y urbanos ya no son entidades encerradas en sí mismas como sucedía antes. Hoy en día las áreas rurales están subordinadas a las urbanas como consecuencia de su producción destinada a los mercados urbanos, y lo urbano utiliza a lo rural para crear nuevos asentamientos (urbanizaciones, barrios dormitorio, polígonos industriales, etc.) o como espacio de ocio, buscando un mayor contacto con la naturaleza, en consonancia con la mentalidad ecológica imperante actualmente. Los espacios urbanos actúan como centros de poder, comercio y administración de amplios territorios dependientes, articulándose como organizadores y dinamizadores del espacio. De este modo, superando los límites de las ciudades se observan unas periferias que están recibiendo una cantidad importante de población, procesos de desconcentración industrial y un incremento importante de la actividad constructiva. Estas áreas periféricas están recibiendo, por tanto, una serie de elementos que proceden de las ciudades, entre los que pueden citarse diversas actividades económicas, sociales, de residencia y ocio, es decir, se está extendiendo el modo de vida urbano y funciones antes exclusivas de las urbes por amplias zonas del territorio.

Para definir esta periferia de las ciudades han surgido una serie de términos como periurbanización, rururbanización o contraurbanización, que tienen el problema de no tener acepciones unánimemente aceptadas y ser utilizados con acepciones distintas según los autores, con lo que la confusión terminológica es patente. El espacio periurbano, a nuestro entender, es aquél situado en la periferia de la ciudad, que era eminentemente rural, pero que ha sufrido transformaciones profundas, tanto en el plano económico, como el demográfico y el social. El asentamiento de personas procedentes de la ciudad en estos lugares los convierte en espacios de carácter residencial, aunque estas gentes siguen trabajando en la ciudad, lo que hace que se produzcan cambios formales en el hábitat y en las comunicaciones. Así, este espacio pasa a tener numerosos usos (residencial, industrial, de ocio, agrícola, etc.). Por tanto, el término periurbanización define un nuevo proceso de ocupación del espacio en las proximidades de las ciudades. En cuanto a los otros dos conceptos podemos decir que acepciones semejantes a las de periurbanización, pero consideramos que este último término es el más apropiado para aplicar al conjunto de cualquier periferia urbana, mientras que los otros dos serían partes de esa franja periurbana. Así, por rururbano puede entenderse aquel espacio en el que se mezclan los paisajes urbanos y rurales, yuxtaponiéndose y compitiendo por esas áreas. En cambio, la contraurbanización sería un movimiento de abandono de los centros urbanos por grupos acomodados de su población buscando una residencia en contacto con la naturaleza y próxima a la ciudad. De esta manera, la franja periurbana se nos presenta como un espacio donde se da una yuxtaposición de áreas construidas ex-novo, hábitat rural preexistente, polígonos industriales, espacios agrarios, vías de comunicación y lugares de ocio. Así, la ciudad entendida como tradicionalmente se hacía entra en crisis, y ahora habría que «sustituir el concepto de ciudad como núcleo principal aislado por el de "área metropolitana" o "región urbana" que suponen la consideración tanto de la población central como la de toda la orla periurbana intensamente conectadas con ella por flujos laborales cotidianos» (Lois González, 1992).

La periurbanización se convirtió en un fenómeno generalizado en un primer momento en EE. UU. y el Reino Unido, a mediados del presente siglo; pero a partir de la década de los años sesenta se extendió por toda Europa Noroccidental, y posteriormente a los países del sur de Europa. Estos procesos de periurbanización han supuesto «el desplazamiento de jóvenes familias de origen ciudadano con ingresos procedentes de empleos terciarios hacia urbanizaciones emplazadas en terrenos tradicionalmente rurales» (Dezert, Metton y Steinberg, 1991). Además se repiten en estos sectores los procesos de segregación propios de la ciudad, ya que en la franja periurbana nos encontramos con familias de todos los estratos sociales, pero viviendo en áreas bien diferenciadas (urbanizaciones, chalés unifamiliares, barrios dormitorio, etc.).

Las causas que han generado el fenómeno periurbano están en el deseo de mejorar la calidad de vida en los sectores más acomodados de la población, buscando una mayor amplitud de la vivienda y un mayor contacto con la naturaleza; en la carestía del suelo en la ciudad, obligando a los menos pudientes a trasladarse a la periferia a vivir a los barrios satélites; o en la congestión de la ciudad que ha obligado a crear polígonos industriales con accesibilidad óptima y en lugares más adecuados para esta actividad. Estamos, por tanto, ante la difusión del fenómeno urbano a través de amplios cinturones periféricos a las urbes, con características similares a las de las ciudades centrales, pero que se van degradando en sus características urbanas hacia las rurales cuanto más nos alejamos de esos núcleos, que son actualmente los auténticos ejes vertebradores del espacio en todo el mundo desarrollado.

Estructuración y difusión del fenómeno urbano en Galicia

La jerarquización de la estructura urbana gallega puede considerarse regida por siete ciudades: Vigo, A Coruña, Ferrol, Santiago, Pontevedra, Lugo y Ourense, siendo las dos primeras las rectoras del sur y norte de la región respectivamente. En una primera aproximación se puede observar que se conforma en la fachada occidental un eje entre Ferrol y Vigo, mientras que Lugo y Ourense constituyen los centros de un amplio territorio interior. Estos centros urbanos poseen características diferenciadas por su propio origen; Lugo, Ourense, Santiago y Pontevedra son antiguos centros ya medievales revitalizados por sus nuevas funciones administrativas y terciarias en los siglos XIX y XX. En el caso de Santiago, que no asumió la capitalidad provincial de las otras, destacará la importancia de su universidad y su nombramiento como capital autonómica en tiempos recientes. Por el contrario, Ferrol, A Coruña y Vigo, se consolidan como importantes centros urbanos gracias al desarrollo de las actividades comerciales e industriales, favorecidas por su carácter portuario. Por su volumen demográfico, próximo a los 300.000 habitantes, A Coruña y Vigo conforman dos cabeceras en la jerarquía urbana gallega, estando el rango inmediatamente inferior ocupado por las otras cinco ciudades anteriormente citadas, con una población que oscila entre 75.000 y 110.000 habitantes. Entre éstas y las cabeceras comarcales se produce un gran salto al no existir ningún otro núcleo que ronde los 50.000 habitantes. Este desequilibrio en la jerarquización es mayor si se tiene en cuenta que el proceso de urbanización se ha concentrado en algunas áreas litorales, sobre todo en el citado eje Ferrol-Vigo, eje atlántico próximo al cual se concentran la mayor parte de núcleos urbanos de rango inferior. Este eje está conformado por dos grandes áreas, la primera entre Ferrol y A Coruña, pasando o extendiéndose por Narón, Pontedeume, As Pontes, Betanzos y Carballo. La segunda se desarrolla entre Vigo y Santiago, abarca un espacio más amplio, alrededor de las rías de Vigo, Pontevedra y Arousa, con vértices en Tui o Santiago que marca la comunicación con el área de A Coruña.

A mediados de los setenta en las ciudades de A Coruña y Vigo, comienza un proceso de crecimiento en las áreas próximas, fuera del núcleo urbano que podemos considerar ya un proceso de periurbanización. Éste se producirá en la década siguiente en ciudades como Santiago u Ourense. Estos procesos de periurbanización en el eje atlántico gallego presentan características especiales que dificultarán su estudio, por tratarse de áreas ya densamente pobladas donde será difícil detectar estadísticamente un crecimiento por expansión desde el núcleo urbano, mientras que de forma paralela otras parroquias de un mismo municipio pierden población rural y agraria. También y en especial en las rías bajas puede ser difícil de establecer hasta qué punto es predominante un crecimiento endógeno de antiguos núcleos o un auténtico proceso de periurbanización.

Antes del estudio pormenorizado del caso de Santiago que se analizará en el próximo punto, debemos destacar una periurbanización más avanzada en torno a Vigo y Coruña.

Un estudio a través de los datos de crecimiento demográfico de los municipios colindantes puede hacer pensar que el proceso es menos intenso por los aspectos antes citados; pero si atendemos a un estudio detallado por parroquias se pueden discernir entre unas que crecen intensamente y otras estancadas o incluso en declive, siguiendo la tónica dominante en el rural gallego. Así, en A Coruña el municipio de Cambre experimenta entre 1981 y 1991 un 35% de crecimiento, mientras que O Temple, su parroquia más urbanizada, alcanza el 186%. En Arteixo su núcleo crece un 41%, mientras que algunas parroquias colindantes incluso pierden población. En Oleiros este crecimiento es más homogéneo. Estos tres casos citados son muestras de procesos diferenciados: urbanizaciones de clase media-baja próximas a la ciudad en el primero, un núcleo preexistente que crece junto a un polígono industrial el segundo y una amplia área de segundas residencias (que acaban siendo a veces la principal) en el tercero. En el área de Vigo no se detectan en los últimos años cifras tan contrastadas como las que acabamos de citar; los crecimientos relativos son menores, pero hay que tener en cuenta que era una comarca ya densamente poblada. En este espacio son numerosas las pequeñas villas entre 3.000 y 10.000 habitantes como Cangas, Moaña, Redondel, O Porriño o Baiona; entre ellas y la ciudad de Vigo aparecen una multitud de asentamientos donde se mezcla la población rural tradicional con otra de rasgos urbanos.

Mapa sobre urbanismo en Galicia

Figura 1. Periurbanización y rururbanización en Galicia.

En algunas de estas parroquias es posible detectar la presencia de dos procesos inversos: una pérdida de población agraria tradicional y un aumento de población encuadrable en un proceso de periurbanización. Por ello no es el crecimiento demográfico sino la variación de las actividades o de las tipologías constructivas las que nos permiten observar dicho proceso. La gran cantidad de población diseminada, la multiplicación de pequeños núcleos y existencia de pequeñas villas, son características tradicionales del poblamiento costero gallego y, en especial, de las comarcas de las rías bajas y del golfo Ártabro, en las que se encuentran Vigo y A Coruña. Debido a ello los procesos de periurbanización pueden generar una apariencia en el paisaje de mayor intensidad de la que realmente existe. En estas comarcas son frecuentes las parroquias que sobrepasan los 500 e incluso 1.000 hab/km. cuadrado, por lo que puede ser difícil situar un límite claro entre el área de extensión de este proceso de periurbanización y lo que serían áreas rurales muy densas. Podríamos considerar que no existe discontinuidad demográfica entre Vigo y Pontevedra, o entre ésta y O Salnés y Santiago, por lo que podríamos denominarlo como un amplio y complejo espacio rururbano. Dado que similares circunstancias existen en el golfo Ártabro, podemos afirmar que entre Ferrol y Vigo se desarrolla una gran área rururbana, que tan sólo se debilita entre Santiago de Compostela y A Coruña.

 

El auge de las periferias urbanas: el caso de Santiago de Compostela

La periurbanización en la capital gallega se inició más tardíamente que en las dos grandes ciudades de la comunidad (A Coruña y Vigo). Éstas comenzaron la formación de amplias áreas urbanas desde finales de los años setenta, pero, en cambio, en Santiago este hecho sólo comienza a apreciarse cuando está bien entrada la década de los años ochenta, siendo fundamentalmente fruto de una descentralización residencial, ya que la industrial no se produce apenas debido a la escasa entidad de este sector económico en la ciudad, siguiendo en plena expansión actualmente. El motor de este fenómeno ha sido la conversión de la ciudad en un centro de servicios especializados que han ofrecido trabajo a una serie de profesionales cualificados que instalan sus residencias en la ciudad o en sus proximidades. En este sentido es significativo afirmar que en torno al setenta por ciento de la población activa de la ciudad trabaja en el sector terciario, hecho que nos está hablando de la escasa importancia del resto de actividades. La franja periurbana de Santiago se extiende fundamentalmente por el sur y el oeste de la ciudad, adentrándose en tres de sus municipios limítrofes (Teo, Ames y Brion), cosa que ha ocurrido en gran medida al amparo de una mayor permisividad en las normas urbanísticas, que han aprovechado los agentes inmobiliarios edificando en gran número no sólo urbanizaciones y áreas residenciales nada más superar el límite del municipio compostelano, sino también numerosas naves industriales y almacenes a lo largo de las vías de comunicación. La confirmación de la reciente irrupción del fenómeno del desarrollo periurbano de Compostela aparece en las cifras demográficas, ya que si observamos las variaciones intercensales entre 1970 y 1991 en la ciudad y los tres municipios citados, comprobamos como en el período intercensal 1970-1981 el municipio de Santiago crece en un porcentaje muy elevado, pero no uniformemente ya que varias de sus parroquias rurales se estancaban o decrecían, mientras que el núcleo urbano incrementaba sus efectivos demográficos en mayor medida que lo que muestra el porcentaje que observamos en la tabla. La ciudad entre ambas fechas aumentó su población por el desarrollo de «las funciones universitarias y las funciones que éstas arrastraban» (Ferrás Sexto y Lois González, 1993), incremento que era absorbido por la propia urbe. Los tres municipios limítrofes mencionados, en el mismo intervalo temporal, mostraban un leve decrecimiento. En cambio, en el período intercensal 1981-1991, se aprecia un crecimiento no sólo de la ciudad sino también de su periferia, pero el incremento demográfico en Santiago ya no es tan significativo como en la década anterior, sin duda esto está en consonancia con lo que ocurre en esos mismos momentos tanto en el resto de Galicia como en toda Europa Occidental, y que no es otra cosa que la moderación del crecimiento poblacional en las ciudades en favor de sus periferias inmediatas. De todos modos, en Compostela el crecimiento, aunque relativamente menor que en el período intercensal anterior, se mantiene gracias a que se convierte en capital de la comunidad autónoma y todo el despliegue administrativo que ello significó, sumado a que continúa el desarrollo universitario, a la instalación de la radio y televisión autonómicas y a la importancia de las funciones hospitalarias.

Tabla sobre evolución de la población en A Coruña y Vigo

Tabla 1. Evolución demográfica entre 1970 y 1991 en municipios de las áreas urbanas de A Coruña y Vigo.

La periferia de la ciudad también tiene un crecimiento en este período, presentando en el caso de Teo unos valores porcentuales superiores a los de la propia urbe. En estos sectores periurbanos el alza poblacional se debe a un saldo migratorio positivo por la llegada de personas funcionalmente dependientes de la ciudad que se asientan en ellos. Estos asentamientos vienen propiciados en unas ocasiones por la mayor carestía del suelo y la mayor permisividad respecto a las normas urbanísticas que en la ciudad, así como por una mayor calidad medio-ambiental en otras. En el municipio de Brion observamos un crecimiento negativo entre las dos últimas fechas, cosa que ocurre por ser aquí el traslado de familias que trabajan en Santiago un fenómeno mucho más reciente, con algunas urbanizaciones en construcción y otras recién ocupadas y que no figuran aún en las estadísticas oficiales, además, este municipio tiene varias parroquias rurales regresivas que contrarrestan, en cierta medida, el crecimiento producido por los nuevos asentamientos. Dentro de esta franja periurbana compostelana se pueden apreciar notables diferencias entre unas áreas y otras: así, hay sectores que acogen a familias muy pudientes y de elevado estatus social (políticos, catedráticos de Universidad, médicos, escritores, etc.) que viven en viviendas unifamiliares de tipo chalet con parcelas amplias, como ocurre fundamentalmente en el municipio de Brion y ciertos sectores del de Teo.

Tabla sobre población en Santiago

Tabla 2. Variaciones intercensales de población en el área urbana de Santiago entre 1970 y 1991.

En otros sectores aparece mayoritariamente una construcción de tipo chalés adosados, con pequeño jardín, que son ocupados preferentemente por parejas jóvenes con hijos, de clase media, que en gran medida son profesionales de la comunicación, la enseñanza o de la medicina.

Esto se da en las urbanizaciones de Teo y Ames. Al nordeste de Santiago, en el municipio de Oroso, también se está llevando a cabo la construcción de una urbanización de estas características, pero parece una actuación aislada y que en el futuro esa dirección no se consolidará para la actividad constructiva. En Bertamiráns, capital del municipio de Ames, se está aprovechando el núcleo existente para construir edificios de bastante calidad que están siendo adquiridos por personas de similares características a los del caso anterior. Por último, hay también otro sector que podríamos definir como un barrio satélite de la ciudad, está ubicado en la entidad de O Milladoiro, en el municipio de Ames, donde se ha edificado infringiendo la mayoría de las normativas urbanísticas básicas (ausencia de red de alcantarillado, con vertidos indiscriminados de las cloacas de cada edificio al río Sar; alturas desmesuradas, etc.), al amparo de la permisividad existente en ese municipio y propiciada la construcción masiva por los bajos precios del suelo y la proximidad a la ciudad. En este lugar se han instalado numerosas familias de menores recursos económicos que las situadas en los otros sectores periurbanos ya citados. Podemos afirmar, por tanto, que en la periferia urbana de Santiago se están repitiendo «los procesos de segregación espacial propios de la ciudad» (Lois González y Torres Luna, 1995). Es curioso observar cómo en la franja periurbana de la ciudad se asientan muy pocos de los numerosísimos funcionarios de la Administración autonómica que desarrollan su trabajo en Santiago. La causa está en que muchos viven en urbanizaciones creadas para ellos en los límites de la propia ciudad (como ocurre por ejemplo en Vidán), o en viviendas del casco urbano; y en que otros muchos, aunque trabajan en la ciudad, siguen residiendo en sus áreas de origen (fundamentalmente en A Coruña y Lugo), produciéndose unos movimientos pendulares diarios entre esos lugares y la capital gallega. Además, este tipo de flujos también son muy intensos con la periferia inmediata a la ciudad, ya que cada vez una mayor área depende funcionalmente de la ciudad, caminando hacia la formación de una región urbana, que si bien estrictamente no se puede hablar de la misma porque no cumple los requisitos poblacionales y de tamaño que numerosos autores plantean como mínimos para que exista, si funcionalmente tiene rasgos que la acercan a esa definición.

Mapa sobre urbanismo en Santiago de Compostela

Figura 2. Franja periurbana de Santiago de Compostela

 

Conclusión
 

El fenómeno urbano, aunque de modo tardío, se ha ido consolidando en las dos últimas décadas como un elemento básico y definitorio del hábitat gallego. El tópico de que Galicia es un mundo rural se ha ido diluyendo con el tiempo y se puede afirmar que hoy son las ciudades los núcleos que actúan de organizadores de todo el espacio de la comunidad. En este sentido se puede afirmar que se ha creado todo un eje atlántico, entre Ferrol y Tuy con un fuerte crecimiento, donde se asienta un 70% de la población gallega, ya sea en núcleos urbanos, periurbanos o rururbanos. El interior, sin embargo, se ve relegado de este crecimiento, condenado a una pérdida de peso específico tanto en volumen demográfico como económico, pasando a convertirse en una área periférica y dependiente de la anterior.

La saturación del espacio urbano, el coste de la vivienda y su degradación medioambiental, ha llevado a que las ciudades se hayan expandido más allá de sus límites tradicionales creando amplios espacios periurbanos, que repiten los procesos de segregación y especulación del suelo propios de la ciudad. Este fenómeno se desarrolló desde fines de la década de los setenta en las dos ciudades rectoras del sistema urbano gallego (A Coruña y Vigo), más recientemente, a partir de mediados de la década de los ochenta, se ha extendido también a Santiago y Orense, tendiendo a intensificarse y expandirse a las otras ciudades gallegas. Pero el fenómeno urbano no solamente se localiza en las ciudades propiamente dichas y sus periferias inmediatas, el continuum rururbano en toda la franja atlántica es un hecho. No debemos olvidar dentro del mundo rural ciertos núcleos de pequeña entidad demográfica pero que ejercen funciones urbanas vertebrando ese espacio rural, es el caso de Verín, O Barco, Monforte o Santa Comba. Todos estos núcleos están teniendo fuertes crecimientos de habitantes a pesar del despoblamiento de sus espacios rurales circundantes.

De cara al futuro, Galicia no debe dar la espalda al norte portugués, dado que las futuras regiones de Minho y Tras os Montes son una prolongación del sistema urbano gallego, con un eje atlántico muy activo y dinámico, y un interior tendente a la despoblación que se ha convertido en periferia de ese litoral más desarrollado. Estamos ante casos parejos, que pueden aproximarse hacia una colaboración futura y convertir todo ese espacio del noroeste de la Península Ibérica en una unidad funcional.

 

Referencias bibliográficas
 

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